A muchos clientes que llevo su defensa en el divorcio y están casados por la Iglesia, suelo proponerles explorar la posibilidad de solicitar la nulidad matrimonial y lo primero que contestan es “pero eso es muy caro y muy difícil que te lo den, ¿no? ”. Esta forma de pensar, a mi modo de ver, se debe a que mucha gente cree que esto en realidad está reservado a personas de alto nivel económico que pagan verdaderas fortunas para “comprar” la nulidad y “divorciarse por la Iglesia” (aclaro en este punto que nadie puede divorciarse por la Iglesia porque la Iglesia no reconoce el divorcio, además de que la nulidad no tiene nada que ver con el divorcio).

Por mi despacho han pasado personas de economías muy normales, cuando no modestas, con las que, incluso, hemos tenido que solicitar el llamado “beneficio de pobreza”, una especie de justicia gratuita que exime de tener que pagar tasas del tribunal, abogado y otros gastos del proceso. Nadie se queda fuera de un proceso de nulidad por cuestiones económicas.

¿Cuáles suelen ser los motivos por los que se pide la nulidad?

  1. La decisión de casarse fue poco o nada pensada: Son los casos, por ejemplo, de personas que no teniendo intención de hacerlo, terminan casándose porque, por ejemplo, estaban esperando un hijo y la presión social, familiar, etc. les obligó a ello (el famoso, “qué dirán ” o el “no enfadar más a la familia”); personas que llevaban varios años de novios y al final “había que casarse porque no íbamos a estar así toda la vida”, incluso personas que se casan con alguien con una serie de características personales que de haberlas conocido anteriormente nunca se hubieran casado, es decir, se casaron engañadas. Estos son solo algunos ejemplos que he podido conocer; casos y circunstancias hay muchísimas. Aquí tienen mucha importancia no solo las declaraciones de los esposos sino también las de los testigos (familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.).
  2. Problemas psicológicos o psiquiátricos de uno o de los dos esposos: Son los casos en los que uno se casa teniendo alguna patología psíquica que, en el fondo, le impedía consentir válidamente el matrimonio. Aquí entran desde las inmadureces más o menos acusadas, hasta los verdaderos problemas psiquiátricos: los obsesivos compulsivos, narcisistas, esquizofrénicos, bipolares, etc. En estos casos, el perito del Tribunal es el que tiene que informar si esa o esas patologías existían en el momento de dar el “si quiero” y hasta qué punto podían condicionar al que las padecía.

¿Qué documentos hacen falta?

En principio con la partida de matrimonio expedida por la parroquia en la que se casaron es suficiente. No suelen aportarse más documentos salvo que se trate de informes médicos o psicológicos que hagan referencia, obviamente, al cónyuge que los aporta.

¿Cuánto suele tardar?

Se puede decir aquello de “con la Iglesia hemos topado” en el sentido de que depende mucho del Tribunal, pero mi experiencia dice que un año y medio como máximo es lo que nos puede llevar. Si ambas partes residen en la misma ciudad, ello lógicamente contribuye a aligerar los plazos.

¿Cuánto cuesta la nulidad matrimonial?

Hay Tribunales que dan libertad de honorarios, por tanto lo que acuerde el cliente con su abogado, otros se remiten a las normas de honorarios del Colegio de Abogados correspondiente y por último hay Tribunales disponen de un Arancel en el que se fijan las tasas del tribunal, los honorarios del Abogado y del Procurador; en este último caso, que es el que conozco más directamente, por menos de 2.000,00€ podemos cubrir los gastos de este procedimiento.

¿Por qué tendría que pedir la nulidad? 

Contesto lo que me han dicho muchos clientes que han conseguido la nulidad: “me he quitado un gran peso de encima “. Y es que arrastrar un matrimonio que nunca debió celebrarse es, para quienes tienen la desgracia de experimentarlo, una auténtica losa en su vida.

En resumen, solicitar la nulidad matrimonial no es “de ricos”, cualquiera puede pedirla; las causas de nulidad tienen que existir en el momento del “si quiero” (si surgen después no anulan el matrimonio); permite liberarse de una carga y darse una nueva oportunidad.

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